jueves, 3 de diciembre de 2015

El Naturalismo


4. El Naturalismo
En las décadas finales del siglo XIX, el realismo evolucionó hacia el naturalismo, corriente artística impulsada por el autor francés Émile Zola. El Naturalismo aplica en literatura el método científico de las ciencias experimentales y defiende que la conducta de los personajes está determinada por la herencia genética y el ambiente social. El novelista imita el método científico: observación, documentación, comprobación de datos...
Características del Naturalismo: descripciones detalladas basadas en la psicología y la
medicina; preferencia por los aspectos sórdidos y desagradables; determinismo; recreación de ambientes míseros y degradados y de personajes con taras físicas o psíquicas.
El Naturalismo se introdujo en España hacia 1882, en medio de una fuerte polémica por parte de los sectores más conservadores. La escritora Emilia Pardo Bazán defendió en su libro La cuestión palpitante la técnica literaria naturalista, pero no sus bases teóricas ya que rechaza el determinismo.
Además de Emilia Pardo Bazán, con la publicación de sus obras La madre naturaleza y Los pazos de Ulloa, hubo otros escritores que utilizaron en sus novelas algunos recursos naturalistas, como el valenciano Vicente Blasco Ibáñez, representante de un regionalismo duro en el que habla de los conflictos sociales de la huerta y la ciudad. Destacan sus obras Cañas y barro y La barraca. También podemos encontrar rasgos naturalistas en La Regenta de Clarín y La desheredada de Galdós. 

El Realismo en España. La generación de 1868


3. El Realismo en España. La generación de 1868
El Realismo se introduce en España con considerable retraso. La primera novela plenamente realista, La Fontana de Oro, de Galdós, se publicó en 1870, año situado en medio del proceso revolucionario que se inicia con el derrocamiento de Isabel II (1868) y termina con un golpe de Estado (1874) que da inicio a una larga etapa conocida como Restauración.

La Restauración supuso una profunda transformación de la sociedad española. En el terreno del pensamiento creó un enfrentamiento ideológico entre progresistas y tradicionalistas, que se reflejará en la narrativa.

La generación de 1868 está formada por novelistas que publican entre 1874 y 1884,
década que da comienzo a la Restauración. Dentro de esta generación figuran escritores como el tradicionalista José Ma de Pereda, máximo representante de la novela regionalista, quien en sus obras realiza una apología del mundo rural tradicional. Su novela más importante es Peñas arriba; Juan Valera, que, al margen de los conflictos ideológicos, escribió Pepita Jiménez donde recrea una sociedad patriarcal; Galdós y Clarín, progresistas defensores de la modernización de España; y Emilia Pardo Bazán, partidaria de un moderado naturalismo, en consonancia con su catolicismo e ideología conservadora.

Benito Pérez Galdós (1843-1920). Entre su producción literaria destacan sus novelas, que se pueden clasificar en varios grupos:
Episodios nacionales. Constituyen una reconstrucción novelada de la historia de España del siglo XIX, desde la batalla de Trafalgar (1805) hasta los comienzos de la Restauración (1875). Constan de cuarenta y seis novelas, agrupadas en cinco series de diez volúmenes cada una, salvo la última, que abarca seis.
Novelas de la primera época. Las primeras novelas de Galdós —Doña Perfecta, Gloria, La familia de León Roch...— reciben el nombre de novelas de tesis porque se someten a la ideología liberal del autor: enfrentan a personajes de mentalidad conservadora con otros de ideas progresistas que Galdós comparte y defiende . Estas obras reflejan el enfrentamiento ideológico que dividía la España de la época.
Novelas contemporáneas. En ellas Galdós analiza con maestría la clase media y plasma la realidad madrileña del momento, reflejo de la del resto de España: retrató tanto sus lugares (calles, barrios, etc.) como a sus habitantes (comerciantes, cesantes, burgueses, etc.). La desheredada, Lo prohibido, Miau y Fortunata y Jacinta son las novelas más representativas de esta época. Fortunata y Jacinta es una novela extensa que refleja la vida madrileña entre 1873 y 1876. Galdós realiza una minuciosa descripción de ambientes y tipos con un uso magistral de los diálogos y los monólogos interiores. Muestra un universo poblado de poderosas individualidades que transmiten al lector una fuerte sensación de verdad.
Etapa espiritualista. Estas novelas, influidas por el realismo ruso, se centran en el mundo interior de sus personajes y en valores como la caridad, encarnados en individuos de enorme grandeza moral pese a su condición humilde. Destacan las novelas Nazarín y Misericordia

Leopoldo Alas, «Clarín» (1852-1901)
La obra de Clarín se compone de numerosos artículos de crítica literaria, dos novelas,
varios libros de cuentos y una obra de teatro. Su producción novelística se reduce a dos títulos: La Regenta y Su único hijo. Especial importancia tienen sus cuentos, entre los que destaca Adiós, Cordera, uno de los mejores de la literatura española.
La Regenta es la obra maestra de Clarín y una de las novelas más importantes de la literatura española. Ambientada en la ciudad de Vetusta, La Regenta presenta el conflicto de dos personajes (Ana Ozores y Fermín de Pas) dominados por el anhelo amoroso en un ambiente hostil. Tras el nombre de Vetusta se esconde la ciudad de Oviedo y sus habitantes: una sociedad burguesa, llena de hipocresía y convencionalismos. Se trata de un pormenorizado análisis de la sociedad, de la que se ofrecen diversos ambientes (iglesia, aristocracia, pequeña burguesía, trabajadores. Es una novela de escasa acción, en la que cobran relieve las descripciones de la psicología de los personajes y de los ambientes. El autor combina con acierto el punto de vista objetivo con el del narrador omnisciente. 

La literatura del Realismo


2. La literatura del Realismo
La burguesía abandona el ideario romántico y lo sustituye por una mentalidad realista, que describe la realidad social tal como es. El autor realista se convirtió en un cronista del presente y del pasado inmediato.

Características del Realismo: imitación del método científico: la obra debe reflejar la realidad de forma exacta y objetiva, con una ubicación próxima de los hechos; argumentos que versan sobre la realidad vulgar, cotidiana (relatos verosímiles protagonizados por personajes comunes); conflicto entre las aspiraciones de los personajes, individuales o colectivos, y las normas sociales; frecuente propósito de crítica social y política; estilo sobrio y sencillo.

La novela es el género más utilizado y sus rasgos típicos son: verosimilitud, predominio del narrador omnisciente, didactismo, estructura lineal, abundancia de descripciones del mundo de la burguesía, de la clase media y aproximación del lenguaje al uso coloquial. 

Sociedad del Realismo

1. La sociedad del Realismo
El realismo, surgido en la segunda mitad del siglo XIX, fue un movimiento artístico que se propuso representar la realidad de acuerdo con los intereses de la sociedad burguesa. La forma de pensamiento dominante en la época fue el positivismo, cuyos métodos se basaban en la experimentación y la observación objetiva. El desarrollo científico dio lugar a un progreso técnico que se reflejó en el auge de la industria y repercutió en las formas de vida, con adelantos como el ferrocarril o la luz eléctrica. Se desarrolló, así, una creciente fe en el progreso, que se creía que iba a conducir a una mejora moral. La sociedad se sentía a gusto con su tiempo y los adelantos que aportaba.